ONIROTECA

ONIROTECA 

 

Llevamos hasta el momento más de ciento sesenta sueños, menos de diez de ellos son de hombres… ¿Oniroteca de soñantas?

“El sueño, es sin duda, la más democrática de las Bellas Artes. Aún, sin verificaciones estadísticas, puede afirmarse que todos los seres humanos soñamos, con independencia de que recordemos o no, nuestras creaciones oníricas al despertar. Democrática. Universal. También promiscua; ya que el sueño manifiesta una irresistible tendencia a maridarse con las demás artes. Así como, con otras zonas de la experiencia humana: la psicología, la profecía, la religión, la sociología, la ciencia. Y a escala individual; la filosofía. Porque en los sueños se produce un pensar en figuras. En imágenes. En ficciones. En tramas; que parecen tratar de configurarse al margen del lenguaje, de espaldas al logos. Como si intentara liberarse -dicho pensar- de la función denotativa, racional y pragmática del discurso. Artefacto creado y domesticado por la cultura patriarcal. Es por ello, por lo que el sueño está más cerca de la poesía que de la prosa. De la iluminación que del concepto. De la locura que de la razón. Del arte que de la teoría. Del caos que del orden.

La doble -o triple- irresponsabilidad del sueño (con respecto al propio Sujeto, con respecto a los Otros, con respecto a la Realidad) le confiere una impúdica libertad de pensamiento – ¿y de palabra? – y otorga al soñante la potestad de experimentar, como actor y espectador; una aventura del conocimiento. Un relámpago de sabiduría. Una revelación epistémica. Una pregunta incandescente. Una forma de lo informe. Una nítida -aunque enigmática- expresión de lo indecible. Adormilada la Razón durante el sueño, los sueños se libran a zurcir a su antojo, caprichosamente, jirones y retales de la existencia diurna -vividos o imaginados, recientes o remotos, deseados o temidos-, pero tan descuidadamente entrecosidos, que el menor viento emocional, procedente de los abismos corporales, los estremece y los sacude”.

 José Sanchis Sinisterra